30 enero 2007

“SWITCH ON THE POWER!...


…Ruido y políticas musicales” es el título de la exposición que inaugura este viernes la nueva etapa del Centro Cultural Montehermoso, desde que su anterior directora, Araceli de la Horra, fuera fichada para edificar –en todo su sentido- el nuevo complejo Krea, y la municipalidad apostara por Xabier Arakistain como nuevo gestor. Esta muestra, curiosamente, resulta perfecta para entrelazar ambas trayectorias, pues habiendo sido programada por la saliente, fue comisariada por el entrante.

Mi deformación, no profesional, me lleva siempre a elucubrar y a interrelacionar lo que allí nos podamos encontrar a partir de lo que sugiera su título y así, aprender a contrastar mi opinión o mi prejuicio ante lo expuesto.

Así, elucubraré partiendo de la idea de que la música, como medio de expresión, ha contado siempre con un componente político, entendido en su concepción más amplia. La música antigua, hoy llamada culta, los propios orígenes del jazz o las músicas ligadas al folklore, la revolución que supuso el rock, la irrupción del punk, la electrónica o el pop; y los movimientos culturales y sociales que ha provocado a través de su interacción con otras disciplinas artísticas (cine, fotografía, vídeo-creación…), ha generando la aparición de múltiples corrientes artísticas, globalizando modas alternativas, tendencias estéticas, tribus urbanas y grupos afines, y configurando el germen de movimientos contraculturales, de crítica política, o de reivindicaciones sexuales e ideológicas. En definitiva, todo eso a lo que Arakis, intuyo, llama ruido.

Y pensando en interrelacionar: ésta ’Switch on the power! Ruido y políticas musicales’, que Arakistain sintetiza como ”el carácter subversivo de los movimientos musicales y artísticos”, y aquella otra titulada ‘Buen Rollo, políticas de resistencia y culturas musicales’, que Juan Guardiola, desde el MACBA centrara en “analizar las subculturas musicales como generadoras de esferas públicas“, bien podrían ser complementarias. Ya les diré si acierto.

Fecha publicación: 3O-I-2007

listening to music: The Velvet Underground & Nico: All Tomorrow’s Parties, 1967

23 enero 2007

¿ RIFA ?



Nunca llueve a gusto de todos (ya es bastante con que llueva). Estaríamos buenos si la ciudadanía tuviera que votar por cada una de las iniciativas que se debatieran en un pleno municipal, foral o autonómico, a instancia de los grupos políticos que elegimos cada cuatro años para desempeñar por nosotros esta función. Les delegamos la soberanía para que velen por nuestros intereses, confiando en que trabajen en procurarnos una vida mejor.

El problema surge cuando quienes administran nuestras opciones políticas no se ponen de acuerdo en el proyecto que sus electores tuvieron en mente al votarles. Ante esta pérdida de confianza, la democracia prevé alternativas que tratan de devolver al pueblo la oportunidad de enderezar el debate. Esto debería ocurrir cada vez que un plan municipal, por ejemplo, produzca alteraciones graves del normal devenir ciudadano, injustificados desembolsos de sus arcas y/o, como ahora en Vitoria, desacuerdos políticos generen improductivos debates ante proyectos concretos.

Aciertan al intuir que hablo de la reforma de la plaza virginal, pero podría aplicarlo igualmente al soporífero debate de proyectos ya muertos y enterrados sin haber obtenido rentabilidad alguna a los millones gastados, que no concretaré para evitarles el mismo dolor de estómago que yo al recordarlos. Hasta las narices nos tienen de debates inertes; entre los unos, que se ahogan acusando de electoralismo oportunista, de indemostrables pelotazos o de gobernar mirando al cielo, y los otros, que venden antes de comprar y que se cierran en banda desoyendo las opiniones que llenan a diario columnas de opinión, tertulias radiofónicas o protestas callejeras. No queremos que nos expliquen ‘el proyecto’ tildando la consulta popular de tómbola o rifa. La ciudad ya está harta y quiere elegir su propio proyecto, optando entre todas las alternativas posibles, debidamente documentadas, para que el gobierno y la oposición ejecuten -a la chita callando- aquella que más sufragios obtenga. Si los políticos no se ponen de acuerdo, el pueblo siempre sabrá cómo hacerlo.


Fecha publicación: 23-I-2007

listening to music
DEPECHE MODE: A Question Of Time, 1986

16 enero 2007

Sor ASUNCIÓN


Si la enseñanza religiosa es un tema de actualidad, quizá sea porque este país ya no “comulga” -al menos oficialmente- con ninguna fe concreta, permitiendo la existencia libre de todas y la opción individual por cualquiera de ellas; pero cuando se propone un modelo laico de enseñanza pública el conflicto está servido entre quienes entienden que la edad escolar es la propicia para inculcar los valores pregonados por sus biblias.

Mi relación con la religión ha sido, por épocas, un tanto amorfa; casi tanto, como la que mantiene la jerarquía católica para con sus sufridos fieles. Reconozco que mi educación, desde la edad preescolar hasta la adolescente, la dirigieron monjas al principio y clérigos al final, y si tuviera que elevar veredicto de aquella etapa tengo que reconocer que fui feliz en sus justos términos. Eso sí, aprendí más de la actitud de mis maestros, que de su doctrina.

Con apenas cuatro años cumplidos, mi primera maestra, Sor Asunción, me castigó llevándome a la clase de los mayores (los de 5 años) porque me había chivado –a grito pelado, eso sí- de que una compañera me había emborronado el dibujo que estaba haciendo con gran esmero. Nunca entendí que aquella mujer de aspecto tan afable pudiera castigarme a mí y no a la grafitera, pero aprendí para siempre a no ser un soplón.

Visité a las monjas treinta años después y descubrí a Sor Asunción, bajo la misma cofia y con aquella cara de buena, relatándome aquella escena con la misma nitidez con que yo la recordaba. Para entonces, ya no se dedicaba a cuidar de niños revoltosos sino que acudía a diario a una residencia de personas mayores para hacerles la vida un poco más dulce.

He descubierto que hombres y mujeres como ella, -a diferencia de quienes perviven, tras una reja, dedicadas únicamente a la santa oración-, fueron quienes, con su ejemplo altruista de entregada dedicación y su trabajo en condiciones de máxima pobreza, me enseñaron alguno de los pocos principios sólidos que, probablemente sin éxito, me afano en mantener.

Fecha publicación: 16-I-2007


(dedicado a Sor Estellita, la señorita Montse, Sor Blanca, Sor Arantza y a la memoria de Sor Asunción)

09 enero 2007

KATIUSKAS


Hace días que la agenda nos indicó un cambio de estación, la meteorológica, aunque nadie lo diría a tenor del clima disfrutado estos últimos días: cielos casi despejados, escasas nubes, acaso algún esporádico sirimiri y temperaturas propias de una incipiente primavera. Me detengo a recordar, con vaga nostalgia, las grandes nevadas que anualmente soportábamos en épocas apenas recientes, que colapsaban la ciudad hasta el punto de cerrarse colegios y fábricas por el riesgo que suponía el mero hecho de salir de casa. Qué me dicen de la lluvia, que cuando caía en serio nos calaba durante semanas, o de aquella niebla, siempre tan espesa que, pegada al asfalto en invierno, impedía cualquier visión a dos metros y que anticipaba un mediodía despejado, en primavera. Y aquél frío marcado con varios dígitos bajo el cero, el hielo en pistas y carámbanos, el viento gélido...

Hoy, bajo este novedoso sol de invierno, salto de la nostalgia a la preocupación de asumir mi consustancial parte de culpa en el alarmante cambio de clima que hemos vivido en tan breve margen de tiempo. Afortunadamente, hemos empezado a sensibilizarnos secundando básicas consignas de respeto al medio ambiente en un empeño por ahorrar energía, reutilizando hasta lo ya reciclado, sustituyendo el coche por el transporte público o la bicicleta, aprovechando al máximo la energía eólica, la solar y hasta la del deshecho orgánico; asimilando que el agua ya es un bien escaso; controlando la contaminación industrial y comprometiéndonos, tímidamente, a reducir la emisión de gases a la atmósfera y, en definitiva, tratando de grabarnos a fuego que eso que llaman ‘sostenibilidad’ afecta nada menos que a nuestra propia supervivencia.

Aún así, algo seguimos haciendo mal pues, a pesar de nuestro empeño, seguimos asistiendo a un progresivo y alarmante calentamiento de la tierra. No deberíamos conformarnos sólo con la mera pervivencia. Por algo añoro aquél sano enero en katiuskas, en lugar de éste, casi en bambas.

Fecha publicación: 9-I-2007



02 enero 2007

“CUANDO UNA AMIGA SE VA…

…ALGO SE MUERE EN EL ALMA”, dice –si aplicamos la debida corrección de género- la primera copla de la célebre sevillana El Adiós, que todos hemos zapateado alguna vez. Una ruptura sentimental, la jubilación o un traslado laboral podrían ser alguno de los motivos para que una persona se plantee dejar la ciudad que la vio nacer y emprender una nueva vida en otro lugar. Contando el día de año nuevo como la fecha clave elegida para los grandes retos personales, entenderán que me emocione, al tratar de despedirme de una amiga que, en estos momentos, vacía su maleta tras firmar la excedencia, liquidar los gastos de su alquiler y emprender un viaje, en plena nochevieja, nerviosa por comenzar desde hoy su nueva vida.

Crean que me cueste referirme a la segunda copla, la que habla de la huella que va dejando y no se puede borrar, ésa amiga que se fue. Ése rastro de recuerdos por tantas risas compartidas, de cenas y juergas, de secretos y de voces; de miradas cómplices, de lágrimas secas, de problemas compartidos y mutuo aprendizaje. Tengo memoria para otras que fueron similares despedidas y sé que a veces esa huella de la copla se convierte en una auténtica herida que tarda su tiempo en cicatrizar: el vacío, la tristeza; un dolor por la vacante que sólo el tiempo ayuda a calmar.

Suerte que existe el correo electrónico, el móvil y los vuelos baratos, las vacaciones, los puentes y las navidades. La añoranza, además, ayuda a que la comunicación sea menos fluida pero –si se desea- más intensa. Me siento celoso de la gente que espera a conocerte, de su clima templado, de la gracia andaluza contra nuestra estirada rigidez y de su vida sosegada frente a nuestra radical severidad casi germana.

Tal como termina la copla, te hubiera pedido –aunque no debía- que no te hubieras ido todavía, pues aunque entienda que necesites volar para encontrarte a ti misma, que la vida te debe aún lo que te prometió, y que has de vivir tantas vidas nuevas como el tiempo te permita, no pueda evitar que “hasta la guitarra mía llore cuando dice adiós”.

¡ Feliz año !

Fecha publicación: 2-I-2007